Debemos tener claro, asegura el filósofo, que "tenemos derecho a ser tratados como iguales, y por tanto a ser oídos", y no deberíamos ceder a las pretensiones del asshole. Eso sí, no es tarea fácil pues suelen ser tipos cuyas reacciones son difíciles y hasta peligrosas de manejar.
No podemos intentar cambiar a esta clase de gente, avisa James, porque no lo conseguiremos. "Debemos intentar evitarlos, en primer lugar, y si no es posible, fijar claramente los términos de nuestra relación con ellos", dice James, que es evidente que los gilipollas existen y están cada vez más de moda. He aquí un posible ejemplo de Asshole¿? http://www.huffingtonpost.es/2013/03/26/barcenas-se-reivindica-como-persona-inquieta-emprendedor_n_2953464.html
